galletas centeno y jengibre

Galletas artesanas de centeno y jengibre – RECETAS

Es domingo, invierno, fuera hace frío… ¿qué podemos hacer? Pocas cosas hay más gratificantes con tan poco esfuerzo que hacer tus propias galletas artesanas. Las que hoy os traigo son perfectas para esta época del año. Son aromáticas, reconfortantes, sanas y muy muy ricas. Y lo mejor de todo, tardarás un volado en hacerlas. ¿Preparado?

Ingredientes para 24 galletas:

  • 180 gramos de harina de centeno
  • 80 gramos de trigo
  • 200 gramos de mantequilla pomada
  • 35 gramos de azúcar
  • 60 gramos de sirope de agave
  • 1 huevo
  • 3 gramos de sal
  • 1 cucharadita de jengibre en polvo
  • 1 cucharadita de canela
  • 1 cucharadita de impulsor (levadura química)

Mezcla en un bol todos los ingredientes secos. Incorpora el huevo y la mantequilla y trabaja la masa hasta que quede suave.

Si vas a usar cortapastas depositar la masa en papel film, envolver y guardar en el frigorífico de dos horas a 1 día (yo recomiendo hacer la masa de un día para otro, así los aromas se mezclan bien).

Si no tienes cortapastas no hay problema. Divide la masa en dos, envuélvelas en papel film y dale forma de rulo de unos 3-4 cm de diámetro. Reserva en el frigorífico.

Pasado el tiempo de reposo, sacar las masas del frigorífico. Si has hecho los rulos, desenvuélvelos y córtalos en rodajas de 1 cm de espesor. Ponlos en una bandeja con papel de horno.

Si vas a usar cortapastas, trabaja un poco la masa para que atempere un poco y se pueda trabajar y colócala sobre papel de hornear. Estírala hasta formar una plasta de 1 cm de espesor. Corta las galletas con las formas que quieras y colócalas en una bandeja con papel de hornear.

Recuerda dejar cierta separación entre las galletas para que al crecer en el horno no se junten.

Precalienta el horno a 175ºC , cuando haya alcanzado la temperatura indicada mete las galletas y hornéalas durante 14-16 minutos (calor arriba y abajo).

Cuando las galletas comiencen a dorarse por los bordes estarán listas, sácalas del horno y colócalas en una rejilla para que se enfríen.

¡¡Y voilà, ya tienes listas tus galletas artesanas para que tu gente disfrute!!

Si no te apetece hacerlas o no tienes tiempo, Artepania las elabora semanalmente. ¡¡Hazte con ellas!!

Masa madre

¿Por qué usar masa madre?

El uso de masa madre confiere una serie de  ventajas importantes con respecto al pan hecho exclusivamente con levaduras de panadero.
El uso de masa madre en la elaboración del pan le da un aspecto más rústico, una miga más alveolada y elástica con una corteza más desarrollada y crujiente.

Los panes tienen un sutil aroma a trigo (o un marcado sabor a centeno, según sea el caso), sabor delicado, un agradable toque ácido y un regusto prolongado. Los ácidos orgánicos y ésteres (compuestos aromáticos producidos por la levadura) son un producto natural de los fermentos y le confiere mayor sabor al pan.

Su periodo de conservación es mayor, llegando a aguantar en buen estado una semana o incluso más (ver conservación del pan para más información HIPERVINCULO). Esto de debe a que existe una relación entre la acidez del pan y su durabilidad. Según baja el pH del pan (es decir, sube su acidez) se produce un aumento proporcional de su capacidad de permanecer fresco. Históricamente, se cocía pan cada semana, quincena o incluso cada mes. Los únicos panes que se podían conservar durante tanto tiempo eran panes con alta acidez, es decir, hechos con masa madre natural.

Pero lo más importante son sus ventajas nutricionales:
El pan con masa madre contiene un mayor valor nutricional. La masa madre nos ayuda a obtener un pan más digestivo que un pan hecho únicamente con levadura. ¿Por qué? Cuando la fermentación se realiza con masas de arranque como la masa madre, las bacterias se nutren de almidones convirtiéndolos en maltosa. Esta transformación facilita considerablemente la digestión del pan.
Por otro lado, las bacterias permiten la aparición de fitasa, esencial para facilitar el trabajo intestinal, que neutraliza el ácido fítico, particularmente agresivo para las reservas cálcicas humanas. La acidificación y la tarea enzimática efectuada por las bacterias lácticas presentes en la masa madre facilitan su digestión, y al contrario de lo que pasa en la fermentación con levaduras, descomponen la mayor parte de ácido fítico: la fitina se transforma en inositol (vitamina B)  y en fosfatos de calcio y magnesio que se asimilan mejor.